Verdiales — Grupo de Danzas Adolfo de Castro

Folklore

Verdiales

Los verdiales son de Málaga, y de una parte específica de Málaga: los montes que rodean la ciudad. Esa procedencia rural está en todo: en el sonido, en los movimientos, en los sombreros. Son el folklore de gente que vivía y trabajaba en los cortijos de las comarcas de Almogía, Comares y los Montes de Málaga, y cada una de esas zonas tiene su variante con características propias. No son intercambiables: los de Almogía tienen un carácter diferente a los de Comares, que a su vez se distinguen de los de Montes. Para quien no los conoce pueden parecer similares; para quien los baila, las diferencias son tan claras como las que hay entre los fandangos de Huelva y los de Málaga.

La Fiesta Mayor de Verdiales se celebra cada 28 de diciembre en el Puerto de la Torre, a las afueras de Málaga. Las pandas —los grupos organizados de verdiales— se reúnen allí para competir y para tocarse las unas a las otras durante horas, en una mezcla de concurso y celebración que no tiene equivalente exacto en ningún otro festival de folklore andaluz. Es un evento que se vive desde dentro: quien no ha estado no tiene del todo la imagen completa.

La instrumentación es la que más sorprende a quien llega por primera vez. No es la guitarra sola del flamenco ni el conjunto del folklore más habitual: son violín, laúd, guitarras, platillos y pandero juntos, creando una sonoridad que no suena a nada más. El violín, especialmente, da a los verdiales un timbre que los sitúa claramente en su propio mundo sonoro. El compás ternario acelerado añade energía: los verdiales se mueven rápido, con una urgencia que contrasta con la solemnidad de otros palos.

Los sombreros son el elemento más visible. Están cubiertos de flores de papel, cintas de colores, espejos pequeños, miniaturas de objetos cotidianos. Cada sombrero es distinto, construido por su portador o para él, y hay en su elaboración un trabajo artesanal que dice mucho sobre la importancia que se le da a este folklore desde dentro. Puesto en escena, el efecto visual es inmediato.

Algunos investigadores remontan las raíces de los verdiales a épocas prerromanas, aunque la forma que han llegado hasta nosotros se consolidó durante el período morisco. Sea cual sea el origen exacto, la declaración como Bien de Interés Cultural reconoce que esto no es un folklore menor.

Para el grupo, los verdiales son un gesto claro: el folklore andaluz no termina en los límites de la provincia de Cádiz. Incluirlos en el repertorio es reconocer que lo de Málaga también pertenece a este proyecto de preservación y difusión, y que Andalucía tiene una diversidad interna que vale la pena mostrar. Los movimientos circulares y la coordinación de la panda exigen un trabajo de conjunto que es diferente al del baile flamenco más individual, y esa diferencia también aporta.