Limasol es la segunda ciudad de Chipre y su puerto principal. Está en la costa sur de la isla, mirando al Mediterráneo oriental, a medio camino entre Europa y el Oriente Próximo. La población es mayoritariamente grecochipriota, con toda la historia que eso implica: siglos de dominio otomano, la presencia británica hasta 1960, la división de la isla desde 1974. Culturalmente, Chipre es un cruce entre la Grecia continental, el Levante y la herencia colonial inglesa.
El año 2012 no fue fácil para Chipre. El país estaba en la antesala de una crisis bancaria grave que terminaría con el rescate internacional de 2013. Pero la actividad cultural siguió: los festivales de verano son parte del ritmo de vida mediterráneo, y una crisis económica no cancela el agosto.
Hay algo en el aire de Limasol que a un gaditano le resulta familiar. El calor seco del verano, la relación con el mar, el ritmo de la tarde que se dilata, la manera en que la gente usa la calle como espacio social. Son similitudes de clima y de latitud, no de historia, pero crean un suelo común desde el que el intercambio es más fácil.
Lo que une el folklore andaluz con la tradición musical chipriota va más allá del Mediterráneo como geografía. Ambas culturas tienen en algún punto de su historia una influencia árabe que las distingue de los folklores del norte de Europa: en el caso andaluz, los ocho siglos de presencia islámica; en el caso chipriota, los siglos de contacto con el mundo árabe y otomano. Los caminos históricos fueron muy distintos, pero hay en las escalas y en los ritmos de ambas tradiciones algo que no suena completamente ajeno el uno al otro.
Las fotografías de este viaje están en el archivo del grupo y documentan tanto las actuaciones en el festival como la ciudad misma. Limasol en 2012, con toda su complejidad, fue un destino que añade al mapa del grupo una presencia en el Mediterráneo oriental que completa la proyección internacional de décadas.