2013 Hungría

Hungría

7 fotografías

El folklore húngaro tiene un estatus particular en el mundo de la etnomusicología. Béla Bartók y Zoltán Kodály recorrieron los campos de Hungría, Rumanía y los Balcanes a principios del siglo XX con cilindros de cera y cuadernos de campo, documentando miles de melodías populares antes de que desaparecieran con la industrialización. Lo que recopilaron influyó en la música clásica del siglo XX y también en la revitalización del folklore húngaro como práctica viva. En Hungría se toma en serio lo que se hace con las tradiciones propias, y eso se nota cuando recibes a un grupo extranjero: hay una atención académica y artística que no todos los festivales tienen.

Actuar en un festival de folklore en ese contexto es diferente a actuar en un festival de verano mediterráneo. El público sabe lo que está mirando desde un ángulo más técnico, hay grupos participantes que conocen las discusiones sobre autenticidad y transmisión porque las tienen en su propio folklore, y el nivel de los conjuntos suele ser alto.

El contraste musical entre el folklore húngaro y el andaluz es inmediato. El folklore magiar es de cuerda: el violín es el instrumento central, las escalas tienen modos distintos a los del flamenco, el ritmo tiene una métrica diferente. Escuchar a un grupo húngaro después de tocar uno mismo las alegrías pone en perspectiva lo específico de cada tradición, hace visible el fondo que hay detrás de cada nota y de cada paso.

Para el grupo, Hungría fue la posibilidad de verse desde afuera. Cuando actúas para gente que tiene su propio folklore serio y establecido, que no necesita lo exótico para valorar lo que ve, la interpretación tiene que sostenerse sola. Y al mismo tiempo, ver actuar a grupos de tradiciones tan distintas a la propia es una manera de entender mejor lo que uno tiene.