El Festival Folkmoot se celebra en Waynesville, Carolina del Norte, desde 1984. No es un festival de música pop ni de world music al uso: es un festival de folklore en el sentido más estricto, con grupos de doce o quince países actuando durante dos semanas en distintos escenarios de la región montañosa de Carolina del Norte. Las Smoky Mountains como telón de fondo, una región que tiene su propia tradición folk apalachiana, y grupos de todos los continentes conviviendo durante días. Ese es el contexto en que el grupo llegó en 2009.
El año tiene su propia textura: 2009 era el año de la crisis financiera global, el peor momento económico en décadas para muchos países. El festival siguió adelante. La cultura no esperó.
El flamenco que conoce el público americano medio viene casi siempre de imágenes y películas. Lo que llega en vivo, de grupos con raíces reales, es otra cosa. Hay una diferencia perceptible entre ver a alguien bailar y poder explicarte de dónde viene cada gesto, y ver hacerlo a alguien que no puede explicarlo porque sencillamente es de allí. El grupo llevó a Waynesville los tanguillos de Cádiz, el flamenco de la bahía, los bailes de folklore que habían aprendido en la ciudad donde nació todo. No era una representación de la cultura andaluza: era la cultura andaluza.
El formato del festival incluye desfiles por los pueblos de la región y actuaciones al aire libre, además de los escenarios cubiertos. Eso es distinto a los festivales europeos en sala: el público es más variado, más familiar, más dispuesto a la fiesta espontánea. Los miembros del grupo recuerdan la calidez de las audiencias de esa zona, que no era la que esperaban de Estados Unidos, y que les sorprendió gratamente. Los Apalaches tienen su propio sentido de la comunidad y del folklore, y hay en eso un terreno común con quienes llegaban del sur de España.