Cuadernos de Folclore

La Seguiriya: el corazón del flamenco

Si hay un palo que representa el corazón más profundo del flamenco, ese es la seguiriya. No es un baile para el entretenimiento ni para la fiesta: es un viaje al interior, una confrontación directa con el dolor, la soledad y la muerte. Y sin embargo, hay en ella una belleza que trasciende el sufrimiento.

La seguiriya y el cante jondo

La seguiriya pertenece a lo que los cantaores y estudiosos llaman el cante jondo —el cante hondo— junto a la soleá y la toná. Son los palos más antiguos, los más cercanos a las raíces gitanas y orientales del flamenco, y los que exigen mayor dominio técnico y profundidad emocional.

Se dice que la seguiriya es el palo que más miedo da cantar bien: no permite adornos innecesarios ni artificios técnicos que disimulen la emoción. O se tiene, o no se tiene.

Compás y estructura

La seguiriya tiene un compás de 12 tiempos con acentuación irregular —característica de los palos más antiguos del flamenco— aunque su fraseo melódico es libre y de gran dificultad para quien no lo ha vivido desde dentro.

La letra tradicional de la seguiriya es muy breve: tres o cuatro versos que concentran una carga emocional enorme. Hablan de muerte, de ausencia, del quejido del alma.

La seguiriya en la danza

Trasladar la seguiriya a la danza supone un reto de primera magnitud. El baile de seguiriya debe transmitir la misma gravedad y hondura que el cante, sin caer en la teatralidad ni en la solemnidad artificial.

El trabajo de los brazos —de gran lentitud y expresividad— contrasta con momentos de zapateado intenso que expresan el dolor de manera física. Es, en muchos sentidos, el baile más exigente del repertorio flamenco.

El Grupo de Danzas Adolfo de Castro interpreta la seguiriya con el respeto que merece, consciente de que este palo es patrimonio vivo de la humanidad y una de las expresiones artísticas más singulares que ha producido la cultura española.