Las Guajiras son uno de los llamados “cantes de ida y vuelta”: melodías que viajaron de España a América, se mezclaron con ritmos locales y regresaron transformadas a la Península. Llegadas de Cuba, ganaron especial aceptación en los cafés cantantes españoles del siglo XX, convirtiéndose en un palo flamenco con personalidad propia.
El carácter de las guajiras es alegre y tropical, en contraste con otros palos flamencos más dramáticos. Los movimientos de baile son elegantes y airosos, con un uso especial del abanico y el mantón que evocan el ambiente colonial caribeño. Las letras suelen hacer referencia a Cuba, a la caña de azúcar y a la añoranza de los emigrantes.
Una característica particular de la interpretación del Grupo de Danzas Adolfo de Castro es que el grupo ha creado sus propias falsetas guitarrísticas para acompañar las guajiras, dotando a su versión de un sello personal y diferenciado.
El vestuario combina elementos andaluces y cubanos: el mantón de Manila, el abanico de nácar y los trajes de época colonial crean una estética visual única que completa la atmósfera de este baile.