Los Caracoles fueron creados por el cantaor Romero el Tito entre finales del siglo XIX y principios del XX. Pertenecen al grupo de las cantinas, junto con las alegrías, el mirabrás y el romance, siendo uno de los palos flamencos más elegantes y estilizados.
El baile de caracoles se caracteriza por los braceos elegantes y los paseos garbosos, con movimientos amplios y señoriales que muestran el dominio del espacio escénico. Es considerado un palo más típicamente femenino, ya que el uso de la bata de cola y el mantón de Manila permite desplegar todo el esplendor del vestuario flamenco femenino en sus movimientos más lucidos.
Las letras de los caracoles suelen ser alegres y festivas, haciendo referencia a la ciudad de Cádiz y a sus calles, establecimientos y personajes. El estribillo característico —“¡Ole, ole y ole!”— invita a la participación del público y crea un ambiente festivo único.
El Grupo de Danzas Adolfo de Castro presenta los caracoles destacando la elegancia y la gracia que definen este palo, con un especial cuidado en el trabajo de los brazos y el manejo del mantón.